In memoriam Luis González de Alba. Por el Derecho a disentir

Arturo Zama, Luis González de Alba, Feliz Goded y Pablo Gómez

Arturo Zama, Luis González de Alba, Feliz Goded y Pablo Gómez

Escribo los párrafos finales de este ensayo personal el viernes 7 de octubre de 2016. Empecé a escribirlo el lunes 3 de octubre después de un breve apunte en torno a la elección del escritor Luis González de Alba de terminar con su vida, precisamente un 2 de octubre.

Aquel brevísimo comentario en redes sociales, que reproduzco editado a continuación, decía lo siguiente: “Sí, Luis eligió (y planeó hace meses) quitarse la vida en 2 de octubre (cabrón como era, hasta logró ser TT, para rabia de sus detractores, que no son pocos). Sí, su columna de ayer domingo, su despedida rabiosa, cargada de rudeza por demás innecesaria da cuenta de quién era, letra a letra. Su Twiter y su FB, también dan cuenta de ello. Pero, como todo en la vida, hay peros destacables: la literaturización de la autobiografía, incluso del autoescarnio; su narrativa homosexual como encuentro consigo mismo; la poética homo-erectus como un camino de dolor. Su afán, estudio y reflexión en temas científicos. En política: sus rabias, sus enconos. Su “pleito casado”, dolido, enconado, hiriente, cargado de maldad hacia EP que, en lo personal, a los años ya me parece exagerado. Crueldad per sé. Y en medio de todos y cada uno de sus NO, sus Sí. Que son muchos. El último de ellos: yo me largo de esta vida (que seguro, segurísimo ya no era vida, para él, desde él, pensemos lo que pensemos) el dos de octubre. De un balazo, con una .22 (porque es un arma pequeña, porque no pesa, porque tiene poco rebote) y no en los sesos, en el mero pecho, directo al corazón (o indirecto, a saber).

Y ahí, que no en “el valor para suicidarse”, sino en la ELECCIÓN, DECIDIDA Y PLANEADA, de quitarse la vida hay un tema, un gran tema. Una lección. Queramos aprenderla o no. Queramos verla o no. Pensarla o no. De manera muy personal, convencida estoy que si yo, que creo plenamente en el Derecho a Decidir de las mujeres, de las personas. Que creo en la ILE y en la Muerte Asistida, ¿por qué no creer en el derecho a suicidarse? ¿Por qué y desde dónde cuestionar su “protagonismo”? ¿Lo es? También los medios podían elegir callarse. Y no lo hicieron, ni lo hacen, ni lo harán.”

14469706_1107697469298334_3557034586098521987_nAquello que para mí el lunes por la mañana era apenas un esbozo, la posibilidad de abrir una discusión interesante sobre la elección de morir cuando y como a uno le dé la gana, fue complejizándose. Como todo con Luis. Como la mayoría de las circunstancias con y desde los seres humanos. Lo que más “molestaba” a sus detractores, no era el acto de decidir morir, sino el acto de que hubiera elegido el 2 de octubre. Una “fecha emblemática” considerando que, era “protagonismo”, un acto narcisista. Les ofendía su decisión tanto o cuanto más que sus columnas, mismas que leían (si es que las leían) desde un lugar nada analítico y sí, con cierto desdén.

La mayoría de los mensajes que leí a lo largo de esta semana, lejos estaban, en menos de 24 horas de invitar a la reflexión, de caminar hacia algún discurso (el que fuera), a la construcción y de-construcción de un personaje vital en nuestras letras, y protagonista de uno de los movimientos estudiantiles más importantes de América Latina.

Se impuso el desprecio. La sinrazón. La denostación. Hubo enrabiadas discusiones, insultos, menosprecio en más de un muro de Facebook. Ni se diga en twitter. Circuló hasta la saciedad la columna de Gibrán Ramírez Reyes titulada “Las sandeces de Luis González de Alba sobre Ayotzinapa”, la cual tiene como gran mérito compilar las opiniones de Luis al respecto (y no es materia de este ensayo, decidir si son “sandeces” o no, pero la cual está bastante mal escrita y no aporta absolutamente nada. Si quieren leerla, porque no la han leído, adelante. Y, si bien es cierto que para muchos de nosotros es de no entenderse, desde un punto de vista, la postura de Luis – injustificable, incluso- también léase en el contexto de que, la misma, fue escrita el 16 de febrero de 2015, a escasos cinco meses de la desaparición de los 43 jóvenes estudiantes de la Normal Isidro Burgos de Ayotzinapa. Aquí el link: (http://www.m-x.com.mx/2015-02-16/las-sandeces-de-luis-gonzalez-de-alba-sobre-ayotzinapa-por-gibran-ramirez-reyes/)
Lo que en un principio me planteaba como una reflexión en torno a la elección de morir, muy pronto fue transformándose en la necesidad de pensar y pensarme desde mi experiencia lectora y mis encuentros, aunque laborales, con Luis González de Alba. A sabiendas lejana (y ahora agradezco esto), lejanísima, de no digamos una cercanía, sino de una amistad. Mi experiencia con Luis González de Alba, como con muchísimos autores y autoras ha sido desde la lectura, desde el placer y el displacer de leerles. Y en tanto lectora, más allá de mis afinidades y prioridades, el reconocer la capacidad de abrir el abanico de las ideas, siempre lo agradeceré.

Abonó a la discusión de esta semana, el hecho de que, como es sabido por quienes siguen los medios, que el periódico La Jornada, periódico que fundó y en el cual escribió muchos años, no sólo omitió informar que Luis había fallecido sino que lo borró de su Hemeroteca. Afortunadamente, siempre existirán Hemerotecas, como la de la imgres-2UNAM, de donde no pueden desaparecerse 10 años de columnas periodísticas en ese medio y muchos más en otros, al tiempo que no pueden eliminarse de la historia periodística de nuestro país, las columnas de algunas personas que han dedicado sus espacios, esta semana a reconocerle su trayectoria y a dar cuenta de quien fue, aun cuando de éstas se diga que vienen de “sus mismos vendidos amiguitos”. En fin, que quien ejerce el odio, la “furibundez”, el encono, desde la víscera y no desde el análisis, lo seguirá haciendo una y otra vez, sin mayor intención que lograr ese protagonismo del que tanto se queja y que, les pertenecerá, aunque sea un instante.

Pronto se dejará hablar de Luis González de Alba, como se deja de hablar de tantas otras plumas. En un mundo vorágine como el que vivimos, hoy eres nota y mañana no. Hoy estás, mañana no. Quedará la obra para quien quiera acceder a ella. Quedará el coraje y la sinrazón, también momentáneas para quien quiera ejercerlas. Para las y los amigos, los recuerdos. Y para los más, nada. Se habrá muerto uno más y volverán a él cuando los medios se lo recuerden, pero así, como nos pasan tantas cosas: “sin pena ni gloria”.

Escrito lo anterior, les aviso lectores que he dejado, para el final de este ensayo, el tema del suicidio, justo por ser el último acto. Por ser aquello que cierra lo que ha sido para mí, la experiencia en torno a la imagen, vida y obra de una de las mentes más brillantes del México contemporáneo seamos capaces de verlo y discutirlo o no.

Aquí la crónica de un largo encuentro, para quien guste leer.

Domingo 2 de octubre de 2016

images-7Algunos días son grises. A veces, la neblina que acompaña el devenir del domingo es apenas el denso espectro de la cotidianidad. El 2 de octubre de este 2016 no ha sido la excepción. Me permitiré ser banal: Me recriminaba el estar en cama, entre las cobijas, rumiando con la ociosidad y la TV de fondo en el partido Pumas vs Jaguares, a sabiendas del no poco trabajo pendiente que gritaba ¡atiéndeme! desde mi computadora. Pero era domingo. Un domingo gris. Y seguía acurrucándome, negándome a abandonar mi zona de confort, dormitando. Pero Pumas ganó. No así el Barza. ¡Maldito domingo! ¡Claro, es 2 de octubre! ¡A algo había que echarle la culpa! Porque cierto es, que con la responsabilidad, unos días nos cuesta más trabajo que otros lidiar con ella.

El reloj marcaba las 15:30 horas cuando me incorporé de mi posición dominguera con la única intención de resurtirme de viandas y “echarle un ojo” a las redes sociales. Las 15:53 centelleaban en la pantalla del iPad cuando “me botó” un “última hora” del periódico Milenio: “Murió el escritor Luis González de Alba”.

¡Me cachis piachis!, me dije, en esa costumbre que tengo de hablarme y contestarme, incluso en voz alta. Entré al “tuiter”, el nuevo chismógrafo, rumorógrafo, juzgado, entre otras linduras. Recurrir al “timeline” de sus allegados era la manera más sencilla de confirmar lo ocurrido. Prontísimo que me enteré. Las despedidas corrían ya, horas atrás. También prontísimo, por un tuit de Héctor Aguilar Camín y otro de Ángeles Masttreta (amigos y editores de Luis, desde la década de los ochenta) me enteré que se había suicidado. Se va a poner divertido, me dije. Y si no divertido, por lo menos entretenido.¿Cuántas horas tardaría en llegar el escarnio? Yo me corro solita mis propias apuestas. Somos tan pero tan patéticamente predecibles los seres humanos. Me puse cómoda. El escarnio no tardaría en llegar. Y, como cantaría Juan Gabriel: “¿pero qué necesidad, para qué tanto problema?”

1994. Agápi Mu. Mi primera lectura gay

images-8Eran los noventa, 1994 para ser precisa. Cursaba la preparatoria. El segundo año. No era la chica más politizada del barrio y mucho menos consciente de lo que había sido, en toda su magnitud, el Movimiento Estudiantil de 1968. Había leído ya, con fines académicos, La Noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska y no así, Los días y los años. Tampoco sabía quién era Luis González de Alba. Mi vida era un trajín por aquél entonces y, lo que sí era mi pasión, era leer. Me las ingeniaba para obtener libros como fuera. Necesitaba un libro para el colegio y fui, como de costumbre, a la Librería Zaplana, lugar que por años me surtió literatura “barata” pues su especialidad eran libros de texto y yo hurgaba en la vidriera cualquier ejemplar extra que estuviera al alcance de mi escaso presupuesto.

Agápi Mú (1993, Cal y Arena) se asoleaba en la vidriera. El blanco de su portada ya era amarillento. Yo creo que el librero, un señor mayor que ya me conocía, se apiadó de mi carita, porque recuerdo que me alcanzó para comprarlo y, al mismo tiempo, justito, para llevarme también los dos tomos de Breve Historia de la Revolución Mexicana de Jesús Silva Herzog, obvio, encargo escolar. Eran mis libros de texto del semestre.

Llegué a casa, muy feliz, con mis libros bajo el brazo. No tenía lecturas prohibidas en casa. No se me cuestionó qué había comprado ni me supervisaron nada. Yo podía decidir, no sólo mis lecturas, sino muchas cosas más, afortunadamente. Esa misma noche comencé a leer. David y José, los protagonistas se apoderaron de mis noches. También Enrique y Pepe. Eugenia. Los soldados italianos. Los marineros. ¿Baños públicos? A mí se me revelaba un espacio narrativo, una posibilidad; el amor, el dolor, el VIH, Grecia. El Mediterráneo. La muerte del ser amado. La frustración y el dolor de no poder ver a quien se ama, en una cama de hospital. Ver morir a la persona de tu vida. ¿Me imaginaba así el amor homosexual? Corrijo: ¿Me imaginaba el amor homosexual? El amor y la muerte del amor. La desolación. La diversidad de paisajes y las imposibilidades socio-culturales. Es en esta novela donde surge la dicotomía “amor niño, amor adulto” de Luis que hubo de transformarse, en una tetralogía (que el llamaba, su Cuarteto de Cuerdas) y muchas reflexiones después en el planteamiento de su “amor hijo-amor padre”. Ahí en su novela más famosa, en su autoficción, daría cuenta y pauta para lo que podría ser una de tantas tesis de análisis posterior: “la construcción del amor en las parejas del mismo sexo, a partir del vínculo parental”, por mencionar apenas una de las posibilidades del prisma narrativo de Luis y hasta donde entiendo, la crítica literaria, las y los especialistas en “literatura contemporánea” no se han ocupado de ello.

images-9Y así ha sido mucha de la historia de él. A nadie mediático se le ha ocurrido ir hacia él, desde su letra publicada. Tampoco, hasta donde sé, quienes se suben un escaloncito hasta marearse en terminajos como “especialista en literatura gay”, tampoco. De fondo creo que, como muchos “subgéneros” la “literatura con temática gay” de entrada, es denostada y Luis, un autor que pasó (o se pasó), desde fines de los noventa, a “otro bando” y, en ese lugar, empezó su escarnio, no a ultranza, sino a partir de lo poco que dejaba ver de él. Y socialmente, desde ahí se construyó. Se le leía ya, desde ese otro lugar. Un lugar de traición. Ya no era Luis ese hombre al que se quería leer ni analizar. Era un exhibicionista reaccionario. Muy pronto llegó a ese lugar. O ahí le colocaron. Porque reaccionario sí era, pero brillante también. Discutible y provocador. Irónico. Sin embargo, desde su voz y letra podía discutirse la realidad. Sin embargo,  él, muy pronto hizo de su postura, de su forma de pensar y de expresar ésta, su zona de confort. Y lo aprovechó al máximo.

Luis González de Alba, el autor, ya desde Agápi Mu, que era su tercer libro publicado, y el segundo con temática gay, (lo que yo en ese momento ignoraba) narraba sin mayor empacho pero con una ruda dulzura una historia de amor cargada de violencia, de angustia, de desamor. ¿Narraba el amor del desamor? ¿El desamor del amor? Después de llegar al punto final, lloré por semanas al recordar algún pasaje. Empecé, también otras búsquedas, a hacerme preguntas, a interesarme por Kavafis, por Seferis y a investigar qué era “exactamente” el SIDA.

Mi primera lectura gay, me había marcado. De la mano de Luis González de Alba comencé a navegar en una barcaza frágil a otras experiencias literarias. A otros espacios posibles. Espacios que, para ese entonces, no me eran tan claros. Eran tan underground, como “El 9”, “El 41”, o “El Taller”, éste último, “antro” del que él era dueño y que años después traspasó hasta que éste cerró sus puertas, el 18 de diciembre de 2010. (Si lo desean, pueden leer un poco más en esta nota: http://m.milenio.com/cultura/Gonzalez-Alba-revitalizo-nocturna-CdMx_0_823717632.html)

images-6Es tiempo de escribir, además, que para cuando Luis publicó Agápi Mu, su historia de vida ya era compleja. Él mismo, ya era seropositivo, ya había perdido una pareja y, también se preocupaba de las repercusiones que el VIH tendría primero en él, después en la comunidad. Y se ocupó a su modo y sin reflectores (lo que seguramente molesta, también a sus detractores, aunque tal vez ni siquiera lo saben); en 1987 constituyó la primera AC en México dedicada al estudio del VIH: la Fundación Mexicana para la Lucha Contra el Sida A.C. (Fundasida) y formó parte, como miembro de la sociedad civil en El Consejo Nacional para Prevención y Control del SIDA (CONASIDA). Pero, así como somos, lo que exigimos de un “líder del 68, preso en Lecumberri, abiertamente homosexual” es militancia fervorosa, pública y evidente. Para validarnos, validándolo. Pues no, a él no le pegaba la gana. Pero hagamos escarnio, porque “pinche vendido”. Pues no personas, hay que hablar a sabiendas. O callarse la boca. O acotar el drama. O contextualizarlo.

Aún así, quizá porque nadie se interesaba por estas historias, el propio Luis las narra en No hubo barco para mí (Cal y arena, 2013), ahí están de su propia pluma y experiencia para quien desee y decida acceder a ellas. O no.

2000. Entre letras, cada quién su camino

Me alcanzó el tren de la vida. Si bien seguí leyendo, los ritmos fueron otros. Mi vida, la cotidianidad me exigían otras responsabilidades. Caminé por diversos senderos literarios, unos más afortunados que otros. Atrás quedaba la adolescencia y como leí a Luis, leí a tantas otras plumas. Aposté por la diversidad, me dijeran lo que me dijeran. Leía a tonta y a locas. La mayoría de las veces, a partir de autores referenciados en las novelas o en las y los autores mencionados en ensayos. A que te lleva a B y éste a C. O por temáticas. No tenía una línea estructurada de lectura. No me trazaba rutas. Quizá por años leí en círculos, pero ese es otro tema.

images-3Hacia el nuevo siglo, ya tenía yo “una embarrada” de libros y autoras y autores. Ya seguía yo una que otra pluma. También para ese entonces, ya sabía quién era Luis González de Alba, ya sabía del desaguisado con Elena Poniatowska, ya leía de plagios y otros horrores. Recuerdo que el desaguisado, concluyó en 1999. Fue después de un fallo a favor de Luis que se reeditó La Noche de Tlatelolco con las correcciones y aclaraciones pertinentes. Y sí, ¿a que nadie de las y los ofendidos en redes sociales que despotrican y chismean el chisme han hecho una lectura comparada de ediciones una digamos de los ochenta y otra del 2000? Mi reino a que no, porque el “chisme es más mejor” y dicho sea de paso, hay que vapulear a Elena, “nada más porque es AMLOísta” y a Luis, “porque es un joto, ahora de derechas, ardido y reaccionario”. Y perdón, pero me corto una mano si toditas esas personas que toman partido por uno o por otro y se regodean en un lío personalísimo han leído la obra completa de una y de otro. Y pues no, no lo han hecho. Y así el discurso del odio. De ambos “bandos”. Ni quiero pensar en lo que va a ocurrir con las y los detractores de Elena Poniatowska el día que ella deje este plano. Tiempo al tiempo, porque será más o menos parecido el escarnio, pero desde otro lugar.

Volveré a la crónica para no perderme. Sí, mi historia personal y su historia mediática empezaban a fundirse. Época también en la que una empieza a construirse, a desmembrar la realidad, a leer distinto. Empecé quizá a obsesionarme con los subtextos. Los subtextos me interesan, me apasionan. Sus posibilidades, su entramado, me parecen claves para entender la ficción de la ficción, la realidad de la ficción y, por supuesto, la ficción de la realidad.

En aquellos ayeres de principios de este siglo, poco o nada me importaba el pleito González de Alba vs Poniatowska. El ejercicio literario (y personalísimo) de literatura comparada entre La Noche de Tlatelolco y Los días y los años, me parecía más interesante. Luis se obsesionó e hizo de esa querella una cárcel. Quizá su peor encierro. El más dolorido. Hoy día (2016) ya no sólo me parece una cárcel sino una escenificación en donde se invirtió y vertió una serie de furias, todas ciegas, una peor que otra, que llevó hasta el final de sus días (literal) como da cuenta de ello su última colaboración en Milenio Diario y, dado que me parece totalmente cruel y arbitraria, sobre todo cruel, no la citaré, pues es una ofensa gratuita, excesiva. En ustedes quede el rastrear el texto, por demás difundido.

images-5Lo grave de esta anécdota es que lo marcó. “Haiga sido como haga sido” al que más dañó esta querella fue a él. “Por su rabia lo conoceréis”. “Cría fama y échate a dormir”. Insisto: no me interesa qué pasó realmente. Eso sólo lo saben Elena y Luis. Cualquier trama y subtrama, ya es -y será- parte del mito, parte del personaje. Y en ese cimiento, él quiso andar. ¿Literaturización de la realidad? ¿Mecanismo de defensa? ¿Chisme para el café de aspirantes a escritores? ¿Inteligencia? Cada quien, a según su inteligencia y astucia es capaz de construirse Los Olimpos o Los Fangos para conveniencia de su propia historia. Él vendió y alguien compró. Oferta y demanda. “Carnita para la literatura de pasquín”. Astucia. Sí. Si algo era Luis era astuto. En su peculiar brillantez, tuvo un plan, lo ejecutó y le funcionó. El escarnio de lo Público. De ida y vuelta. Desde él y contra Él. Su especialidad. Su gozo y su desdén. De ahí, a un “buscapleitos cualquiera”, en el argot popular, hubo un solo paso. Y, como a cualquier “buscapleitos”, unos caminos se le abrieron y otros se le cerraron. Y a su personaje, poco le importaba. Su personaje, seguía construyéndose día a día.

Sí, cuando se deviene en personaje de uno mismo, se corren ciertos riesgos. Se apuesta por ellos. Muchísimas personas dotan y otorgan, sin adentrarse en él, características que quizá no tenía. O que su creador no le desarrolló ni planeó que tuviera. Pero, conforme se le va descubriendo, el imaginario va transformándolo hasta hacerlo otro y otros. Tantos otros.

La literaturización de la “realidad mediatizada” lo fue dibujando y desdibujando. En gerundio. En un continuo estigmatizado del que no quiso escapar. Quizá le divertía. Quizá le importaba un bledo. Su libertad partía, me atrevo a advertir de una sentencia de muerte, ejecutable “en cualquier momento”, aunque él ignorara ese preciso instante en que ocurriría, o la manera en que sería llevado al cadalso. Y si de algo estaba seguro, dos décadas atrás, es que él no estaba dispuesto a que alguien (aunque ese alguien fuera una enfermedad) decidiera. En el límite ya vivía. El sabría qué hacer cuando llegara el momento. Y él sabría cuándo sería ese momento. Su momento. Y lo supo. Y lo planeó, arregló y determinó. “Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar”. Sin cabos sueltos. Sin misterios. La conciencia de saber decidir, decidir. Como menciona Angeles Masttreta en su blog de Nexos esta semana: “Hace años que Luis escribía como un condenado a muerte”. Y sí.

2003. El sol de la tarde

imgres-6Luis González de Alba siguió en lo suyo. Para 2003, renovaba contrato por El sol de la tarde (Plaza y Janés) con Random House Mondadori, quien también reeditara, meses después Agápi Mu. Él que se negaba rotundamente a dar entrevistas y si algo era bien conocido por “el gremio” era su mal genio y su poca tolerancia para con los periodistas, concedió dar entrevistas telefónicas. Una de ésas charlas la sostuvo conmigo. Preparé la entrevista. La novela en cuestión, “cerraba” su Cuarteto de cuerdas, aunque, en realidad, era el preludio. Dicho cuarteto está conformado así, por sus novelas Jacob, el suplantador (Joaquín Mortiz, 1988), novela que hoy es imposible de conseguir porque está más que descontinuada; Agápi Mu (Cal y arena, 1993; Plaza y Janés, 2003; Cal y arena, 2013); Cielo de invierno (Cal y arena, 1999) y la novela en cuestión: El sol de la tarde (Plaza y Janés, 2003), ésta última  en 2009, la reeditó  Quimera Ediciones, en una nueva versión.

Me emocionaba entrevistarlo, como me emociona y emocionará entrevistar mentes brillantes y la suya la era. No sólo había leído tres de las novelas que integraban el Cuarteto, sino algunos libros más de su autor: Y sigo siendo sola (Cal y arena, 1979 y que después publicara Ediciones B), Los derechos de los malos y la angustia de Kepler (Cal y arena,1998), Bases biológicas de la bisexualidad (Cal y arena,1985); La ciencia, la calle y otras mentiras (Cal y arena,1989) y, con poquísimos meses de diferencia, previo a la entrevista, La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad (Paidós, 2003).

Pero Luis era Luis. Mientras rememoro aquella tarde, me causa una especie nostalgia el ver, dentro del libro, mis notas. La lista de preguntas. Los intentos que hacía (y hago) para comunicarme o tratar de comunicarme con las personas previo a una entrevista. Y, aún así, “metí la pata”. La charla, aunque empática era distante; más o menos sucedía y, en algún momento de ésta, hice una pregunta en torno a la “pedofilia”. El autor me paró en seco: “Señorita, la pedofilia no sé que es; a lo que usted se refiere es a la paidofilia. Pedofilia es una palabra que no existe y se utiliza. Usted no lo haga. No lo vuelva a decir, aprenda, que parece que le gusta hacer su trabajo. Plantee nuevamente la pregunta”. ¡Sopas! Decidí aprender en lugar de ofuscarme u ofenderme. Volví a preguntar. Me respondió. Nunca más he vuelto a decir o escribir pedófilo o pedofilia, por “normalizado” que esté hacerlo. Se publicó aquella entrevista en el Suplemento Cultural en el que colaboraba, Arena, del “viejo” Excélsior, y yo, “a otra cosa mariposa”. Seguí pendiente de Luis. Me gustaba pensar con él. Disentir de él. Odiarlo y amarlo por ser un “cabrón sensible”. Siempre me lo pareció, sin ser ni su amiga ni su fan, sólo su lectora y porque así es al menos, mi vida de lectora: encuentro una fascinación especial en leer autoras y autores con quienes no comulgo y con quienes, en mi cotidianidad quizá no me reuniría ni a beber una limonada.

2008. El otro lado de la moneda

imgres-5Pero, creo haberlo mencionado ya, la vida a veces, camina por donde le da la gana y, para principios de 2008, entré a trabajar a Ediciones Cal y arena en el área de prensa y difusión. Antes, querida lectora, lector, de que usted y sus prejuicios decidan que, “ya entendieron todo y yo también soy una vendida”, permítase seguir leyendo. Digo, es que las conclusiones a priori fascinan a la humanidad.

Ese 2008, mi primer año (de cinco) en la editorial me tocaría ver salir de “nuestra” imprenta dos de los tres libros que publicó Luis ese año: Cuchillo de doble filo, una novela y AMLO. La construcción de un liderazgo fascinante. En Editorial Planeta, con motivo de la conmemoración de los 40 años del 2 de octubre, aparecería Otros días, otros años y una reimpresión de Los días y los años. Más allá de mi labor en la editorial, recuerdo ahora, a carcajada limpia, la rabia que me dio la novela. ¿Qué le pasaba a la narrativa de Luis? ¿Era Luis o era yo? Éramos ambos. Habíamos cambiado. El límite entre el homoerotismo y la pornografía era muy delgado. Más de un par de páginas me parecían no sólo escatológicas sino desagradables. Al mismo tiempo, la provocación a las buenas conciencias, me divertía. Su no poca maldad, su tono sarcástico, su rabia sexual, su lenguaje “penetrante”, lejos estaban de escandalizarme (he leído peores párrafos, sin la más mínima intención literaria): me irritaban, me hacían enojar, me cuestionaban. Con Luis discutí, constantemente desde su palabra escrita. Sólo desde ahí. Y con el libro de AMLO no me fue mejor y, a pesar de ser un libro furibundo, no es una rabia indolente a partir de boberías. Atrás de su rabia, de cada uno de los textos que conforman el libro, hay argumentos con los que puede disentirse pero que necesariamente, en pos de la construcción de un pensamiento transformador podríamos problematizar y complementar.

No necesitamos estar de acuerdo (sería muy aburrido) con “todo” lo que dice A., ni B., ni C. Ahí, en el estar de acuerdo, siempre, a ultranza, ciegamente, sucede el ejercicio del poder y la violencia del mismo. En la sumisión, la desigualdad se normaliza y valida.

images-4Y precisamente, por mi trabajo en la editorial, hablé con él. En cinco años, muchas veces, aunque no las más. Casi siempre, los caminos seguir, en cuanto a difusión y prensa de su obra, llegaban de voz del editor o de Dirección General. O por boca de la queridísima Elsa que tenía un don especial para saber cómo tratar a cada autora y autor. Pero sucede que había circunstancias que tenían que hablarse conmigo y, a decir verdad, mientras escribo, reconozco que prefería evitarlo, había demasiados mitos y anécdotas y yo me preguntaba, constantemente, ¿cuál sería el mejor momento para hablar con él? Siempre me llevé chascos. Siempre fue buen momento para hablar con él. Era tajante pero educado. Firme y solemne pero un caballero. Jamás perdió los estribos, jamás me gritó. Él tenía muy claro lo que pretendía de cada libro, de cada charla, de cada momento. En una sola cosa era irreductible: No hablaba con la prensa. No daba entrevistas. Situación que cambió en 2014, cuando por razones que desconozco, pues yo ya no trabajaba en la editorial, decidió conceder algunas en la FIL Guadalajara de aquel año.

Recuerdo una de esas charlas, porque da cuenta de cómo era y de sus convicciones. Corría el año 2010 y yo tenía una vez más que insistir en plan de prensa y promoción, esta vez, para su libro “Maravillas y misterios de la física cuántica” yo hablaba de prensa especializada, enlaces telefónicos, promoción en redes. Él me escuchaba hasta que dejó de escuchar y habló: “Mire Adriana (siempre me hablaba de usted) olvide las entrevistas, olvídese de los medios. Nadie lee los periódicos y no sirve para nada leerlos. No me importa que me entrevisten, me importa que mi libro esté bien colocado. Que mi libro esté en librerías, expuesto como debe ser, en el área de novedades el tiempo que corresponde, en la mayoría de las librerías, en todas. Encárguese de que el libro, de que mis libros de la editorial estén en las librerías y se va a vender. Lo demás es lo de menos”. Ante tal claridad, ¿qué hacer? Lograr la correcta distribución, punto.

images-2Y esa sinceridad llega de pocos escritores. De sobra sé la importancia del carrusel de medios, de las charlas con los medios y también porque sé lo que es conseguir una entrevista con las y los autores, que éstas se publiquen y se lean, sé lo que implica. Cuando una ha estado de los dos lados de la moneda, no puede sino agradecer y reconocer la lucidez. Tampoco es que sea facilísimo conseguir entrevistas para las y los autores, ni los medios son un pan de Dios que quieren entrevistar a todas las autoras y autores de una casa editorial. En muchas ocasiones, se reciben NOs rotundos de ambos lados. Y aveces, también los autores hacen lindas listas de quién sí y quien no. De todo hay. Diversidad y libertad de opiniones. Afinidades y disensos que les llaman.

2016 De Mi último tequila al último post en redes

Luis González de Alba publicó recientemente el libro autobiográfico Mi último tequila (Cal y arena, 2016) el cual pasará a la historia como el último, también, publicado en vida, mas no así, será su último libro. Aun están por ver la luz, dos libros que ya se sabe que se editarán, que llevarán seguramente la leyenda de “póstumos” pero autorizados por él: el tercer libro en torno de 1968: Tlatelolco aquella tarde (Cal y arena, diciembre de 2016) y un libro de artículos científicos, sin título ni fecha de publicación definida, cuya formación y supervisión editorial estará a cargo de Rogelio Villareal, y la cual editará, también Cal y arena.

Mi último tequila es de una prosa excelsa. La mejor prosa de Luis se condensa en su testamento literario y en una obra imprescindible para entender su estar en el mundo en toda su dimensión. Para mí, ha sido uno de los libros más disfrutables del año. Es él de cuerpo entero. Su argumentación, su memoria, su acidez están ahí, a cada anécdota a cada frase. También es una despedida y un reencuentro. Un paseo por él mismo, que ya navegaba por sus océanos mansos y sus melodías más entrañables, de un viaje que inició en 1971 con su primer texto y que avizoraba un pronto final en No hubo barco para mí (Cal y arena, 2013). Su particular Mediterráneo estaba ahí, con David, con Enrique… Con Ernesto.

Y si con No hubo barco para mí, ya podían leerse ciertas nostalgias, con Mi último tequila, el mensaje estaba más que claro (y no tanto) aunque nadie recibió la misiva. O quizá sí y no quisieron creerlo. Escribo lo anterior porque la escritura fragmentaria permite otras exploraciones narrativas, al ordenar los recuerdos, al dar nombres, Luis González de Alba hace un recorrido de 474 páginas hasta desnudarse una vez más y todavía más sin tapujos. Lo suyo nunca fue el clóset y en su último libro publicado da cuenta de ello. Es una delicia leerlo si se tiene interés por saber. ¿O será que yo soy muy chismosa?

imgres-3Un poco de aquí, un poco de allá, pero sin miseria. Anécdotas de principio a fin. Convencido, sin arrepentimientos fatuos. Esa libertad de pensamiento que tanto se ha encomiado en estos días y la cual no es un gesto generoso ni concesión graciosa sino una realidad distinguible en su obra literaria y periodística, el autor da cuenta de ello a cada párrafo. Si usted así lo desea, vaya a esas páginas, leales, le puedo asegurar que no será tiempo perdido. Leer nunca lo es, pero en este caso, será además un gran espacio de disfrute.

De Mi último tequila a su última colaboración en Milenio Diario, hay solo un mínimo lapso. Según el propio autor lo hizo saber, tenía aquella columna escrita el 4 de agosto, a sabiendas que según sus cálculos de publicación, aparecería impresa el 2 de octubre. La envió, supongo, el 01 de octubre al diario y a las 6:01 de la mañana a Héctor Aguilar Camín como él mismo lo narró en su columna en el mismo diario el día lunes 03 de octubre.

Así que, cuando menos, Luis tenía planeado dejar este plano de realidad, hace dos meses, sin embargo, lo había elegido por lo menos hace seis. Pues sabido es ya también, hoy viernes, que empezó a acomodar sus asuntos legales, poco más de tres meses atrás y que sus frases repetidas, una y otra vez, eran “Tengo prisa”, “No me va a dar tiempo”. Él aviso, pero como avisa quien se está despidiendo. No para ser descubierto, sino para mantener el control. Ser su propio destino.

2 de octubre de 1968-2 de octubre de 2016. De la noche a la mañana

El dos de octubre de 1968, aquella noche sangrienta en Tlatelolco, en el Edificio Chihuahua, Luis fue detenido y pasó los casi tres años siguientes (hasta 1971) en la Crujía C del Palacio de Lecumberri. No inventaré ni citaré anécdotas que para eso está su trilogía. Y ya habrá tiempo de re-pensarla, quizá, hacia los 50 años de aquella noche, que es cuando “el 2 de octubre no se olvida”, cada lustro con sesudos textos y cada año con una marcha cada vez más cooptada por intereses varios. Sin embargo, puedo imaginarme el desasosiego, el dolor, la experiencia. La he leído con puntos y comas, con drama y sin él. Sin duda, una de las visiones menos anecdóticas, sin sentimentalismos y más pensadas es justamente, la versión de los acontecimientos narrados por la pluma de Luis.

Pienso, creo que, aquella noche, fue la primera muerte de Luis. Ahí, esa noche y a lo largo de tres años, imagino que moría un poco de él y resurgía otro ser. Su segunda muerte: aquella tarde, en unos baños públicos en Estambul. Aquella tarde que adquirió VIH. Aquella tarde que, él aún sin saberlo, acababa de firmar su sentencia de muerte. El contrato estaba firmado, aunque la fecha no se supiera. Era mortal. Su vida, tenía fecha de caducidad. Y sin embargo, no fue así. Él decidió. No la vida, no la enfermedad. ¿cómo habrá sido una vida, vivida a plenitud y libertad, aun cuando, estaba esclavizado a una finitud preestablecida y a retrovirales? No lo sé. Imagino. Sólo imagino. Nadie, salvo el que carga su costal (y todos cargamos uno) sabe cuánto pesa. Y cuánto puede cargar. Su tercera muerte, y la tercera es la vencida, dice el refrán, fue la que él decidió. A su antojo, según su deseo, según su placer.

A diferencia de muchos de nosotros que “no sabemos como vamos a morir” él si lo sabía. Seguro no conocía detalles. Como bien lo menciona Rafael Pérez Gay en una de sus columnas de esta semana, le pudo salir muy mal y tener una muerte muy lenta y dolorosa. Así que, lo que podía ser impredecible, afortunadamente para Luis no lo fue.

Me atrevo a seguir la línea de pensamiento de sus propias anécdotas narradas: Luis temía dos cosas, el cáncer de piel que podría padecer puesto que era un mal hereditario y del cual además estaba advertido, y los constantes mareos que padecía, más intensos cada vez. ¿Quién quiere vivir mareado el resto de sus días? ¿Quién quiere vivir con cáncer de piel o morir de ese mal, soportando dolores? ¿Quién está dispuesto a sufrir más dolor que el que ya se ha vivido? Luis escribe en las primeras páginas de Tlatelolco aquella tarde: “Nos estamos muriendo todos. Todos, nos estamos muriendo”. Y sí, sus amigos, su generación del CGH, aquellos primeros y grandes amores ya no estaban con él, los fundamentales, los fundantes. ¿Por qué no irse cuando se extraña demasiado? ¿Por qué no poder irse cuando ya te quieres ir? ¿Por qué no irte cuando extrañas a las personas que no están y que ya no puedes recuperar?

Hay que aprender a irse. Hay que saber desprenderse. Y no sólo es el mayor ejercicio de libertad irse dignamente, sino el más agradecible. No se trata ahora, de una diatriba sobre respeto, sino del reconocimiento al propio respeto. Se respetó a sí mismo y decidió irse dignamente. En una fecha simbólica par él sin importarle un carajo si esa fecha era emblemática para “el país”. A él le siginificaba. Era una de sus fechas. Y esa fecha eligió, aun cuando  su hermana según relatan los medios, le había pedido que no lo hiciera en domingo. Pues su placer era la fecha, sin importar el día de la semana. Y sí, fue domingo. Ni modo. Jugarreta de calendario.

El mayor acto de respeto para consigo mismo y para quienes le rodeaban fue el orden del que dispuso. Sin dramas ni problemas. Notario, legado, aclaraciones. Todos los asuntos en orden. ¡Ya quisiéramos que muchos de nuestros difuntos fueran tan pero tan cautelosos previos a dejar este plano! Quedaron arreglados sus asuntos editoriales, planeados sus próximos libros, las regalías, los testamentos, la división de bienes. En ese mismo orden,  dejó cuenta en sus redes sociales sus últimas 10 horas. Las canciones que escuchó mientras se preparaba para irse. Se despidió de los otros, se acompañó a sí mismo.

Me lo imagino tranquilo, recostado en su cama, con su “bella pistola italiana”, calibre 22, pequeñita y manipulable, apuntando al corazón. Y que el arma apunte al corazón me parece clave para entender lo que a Luis le dolía: el corazón. No el cerebro, no quería dejar de pensar, no se voló los sesos. No se ahorcó. No quería dejar de respirar ni morir lentamente, asfixiado. No se empastilló, entonces no quería quedarse dormido (y hay medicamentos que lo hubieran hecho a una velocidad sorprendente). No, quería algo directo, tajante. Un jalón de gatillo y listo. Una ráfaga. Un escalofrío. Una ida sin vuelta.

Sí, la vida es ida y vuelta. Y la muerte te lleva de vuelta. A donde sea que sea.

***

Si quieren leer algunas columnas en torno a la muerte de Luis, y conocer de voz de sus cercanos y quienes lo conocieron, acá algunos links.

http://www.proceso.com.mx/458275/mundo-gay-18-anos-segun-lo-veia-gonzalez-alba

http://www.proceso.com.mx/178485/gonzalez-de-alba-contra-el-matrimonio-de-homosexuales-debe-legislarse-sobre-el-concubinato-la-adopcion-de-ninos-y-la-herencia-de-bienes

http://www.proceso.com.mx/457196/fallece-escritor-luis-gonzalez-alba-lider-del-movimiento-del-68

http://www.proceso.com.mx/457351/escritores-lamentan-deceso-luis-gonzalez-alba

http://sclaberinto.blogspot.mx/p/recordamos-al-lider-del-movimiento.html?utm_content=buffer8c37f&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer

http://www.reforma.com/aplicacioneslibre/editoriales/editorial.aspx?id=98565&md5=8615fca2fa3955a68e4f5926d3551a06&ta=0dfdbac11765226904c16cb9ad1b2efe

Luis González de Alba

http://www.excelsior.com.mx/opinion/juan-jose-rodriguez-prats/2016/10/06/1120869

http://www.milenio.com/firmas/gerardo_moscoso_caamano/Gonzalez-Alba-ingobernable_18_824497557.html

http://www.milenio.com/firmas/victor_reynoso/Luis_Gonzalez_de_Alba_18_824497601.html

http://www.lja.mx/2016/10/luis-gonzalez-alba-la-libertad-extrema/

El último tequila de Luis González de Alba, a la memoria del 2 de octubre de 1968

http://www.excelsior.com.mx/opinion/luis-de-la-barreda-solorzano/2016/10/06/1120878

http://archivo.eluniversal.com.mx/cultura/30843.html

http://www.eluniversal.com.mx/articulo/cultura/letras/2016/10/6/luis-gonzalez-de-alba-y-carlos-monsivais-historias-de

http://www.eluniversal.com.mx/articulo/cultura/letras/2016/10/5/luis-gonzalez-de-alba-es-la-mujer-arana

http://www.eluniversal.com.mx/articulo/cultura/letras/2016/10/4/luis-gonzalez-de-alba-y-su-batalla-contra-el-sida

http://www.eluniversal.com.mx/articulo/cultura/letras/2016/10/4/luis-gonzalez-de-alba-sus-pleitos-con-la-izquierda

http://www.eluniversal.com.mx/articulo/cultura/letras/2016/10/4/el-taller-cambio-la-vida-nocturna-gay-en-la-ciudad

http://www.eluniversal.com.mx/articulo/cultura/letras/2016/10/3/pleitos-con-la-izquierda-y-otras-polemicas

http://www.milenio.com/firmas/carlos_marin/David-hebreo-Lecumberri_18_824497564.html

http://www.milenio.com/firmas/hector_aguilar_camin_dia-con-dia/Luis-Gonzalez-Alba-muerte-elegida_18_822697740.html

http://www.milenio.com/firmas/carlos_marin/adioses-Luis-Gonzalez-Alba_18_822697743.html

http://www.milenio.com/firmas/carlos_marin/principiantes_18_823897634.html

http://www.milenio.com/firmas/carlos_marin/Fiesta-tragedia_18_823297693.html

http://www.milenio.com/firmas/gil_games/trampas-pasado_18_823297709.html

http://www.milenio.com/firmas/gil_games/Luto_18_822697763.html

http://delabsurdocotidiano.nexos.com.mx/?p=3030

http://www.nexos.com.mx/?p=15609

http://www.nexos.com.mx/?p=29839

http://www.milenio.com/firmas/ricardo_aleman/Falso-murio-Luis-Gonzalez-Alba_18_823297708.htmlutm_source=Facebook&utm_medium=Referral&utm_term=Firmas&utm_content=Enlace&utm_campaign=Milenio

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