Entre la arenga y la arrogancia: Vibra México y su 12 de febrero

Es jueves. 9 de febrero. Si bien la discusión, la arenga y la invitación al “boicot no comenzó hoy, se acrecentó. ¿A quién ofende que la oligarquía, los “poderosos”, a esos “otros” non gratos de “siempre” hoy, inviten a “manifestarse”? Podría responder que “nos ofende” a “todos”. Pero, ¿quiénes somos esos otros-todos?
Me parece importante decir que, la manifestación convocada, y debiéramos tenerlo claro cuando opinamos, no es una manifestación POR nosotros (quienes quiera que seamos “nosotros”, es DESDE ellos y para sus pares, quienes quiera que ellos sean. Al mismo tiempo, me pregunto: ¿Por qué no tendría que tener derecho de manifestación “el otro” México? ¿Somos “nosotros”, los que impugnamos, rabiamos, tuiteamos y despotricamos, los “únicos con un “motivo verdaderamente importante” para manifestarnos? ¿Somos nosotros y no ellos los que tenemos, porque lo hemos conquistado a punta de ampollas, consignas y asoleadas, los únicos con derecho a manifestarnos, en esa avenida tan nuestra que es Reforma? Pues no. Y en este caso específico, además calan tanto la forma como el fondo. Y aún así, en nosotros está pensar más allá, mucho más allá, del “ir o no ir” que ése, personas, no es el dilema. ¿Y si aprendemos a leer los contextos, sus subtextos, en lugar de descalificar rabiosamente y a ultranza?
Insisto: El dilema, personas, no es “marchar o no marchar” el domingo 12 de febrero. Ese no es “el meollo del asunto”. Nuestra obligación como ciudadanía es aprender a leer entrelíneas, analizar el contexto, revisar actores, objetivos en el corto y mediano plazo. Suceda como suceda, fluya o no, sean decenas, cientos o miles de personas sobre avenida Reforma, este acto planeado, oportunista, es causal, no casual. No surge de la rabia social. No es apoyo, es aviso. Es por lo que está en riesgo: por sus negocios y carteras. No es por el interés, es por el capital.
Me explico al tiempo que intento re-capitular: A finales de enero, se convocaba, vía las redes sociales, a una manifestación: “Marcha ciudadana por el respeto a México” atribuida al movimiento “Vibra México” y cuyo objetivo, según su primer cartel era (¿es?): “Defender los derechos de todos y todas, exigir el buen gobierno que merecemos y celebrar el orgullo de ser mexican@s”. Fecha, hora y recorrido. Todo ello “enmarcado en “los colores de la diversidad, con énfasis semiótico en el morado y “El Ángel de la Independencia” (aun cuando se intente desde algunos grupos y espacios en re-significarla como lo que es, “La Victoria alada”). Ni qué decir del hecho de que, el logotipo de “Vibra México” es un águila que por más referencia simbólica que se intente, tiene más semejanza de trazo a Aguigol (la mascota del ” Club América”) que al escudo nacional.
Basta un instante de análisis del mensaje, de la construcción del mismo, para darse cuenta (para quien así lo quiere) que no era, ni una convocatoria inocente, ni ésta salía de la Sociedad Civil Organizada que, “normalmente” intenta, con mayor o menor penetración social mostrar el descontento, la precariedad y la injusticia social. No: este mensaje está construido desde otro lugar. Hay que saber leerle así o intentarlo, al menos. Y no confundirse intenciones con objetivos y mucho menos, con resultados, ya no digamos en lo social (que será nulo) sino en lo político (que en política exterior será nulo también, pero en lo interno tiene su probabilidad de ganancia por mínima que ésta sea). Su gran plus, está en los hilos que se entretejen, en el mensaje que se pretende enviar, desde las esferas del poder económico al gobierno local y federal. Principalmente, al federal. Así, en minúsculas, desde el discurso que el propio movimiento propone.
El Estado, personas, hay que recordarlo es sobre todo Económico, no político. Las personas y organizaciones convocantes están institucionalizadas y necesitan del Sistema, de ése que hoy “está amenazado”, para funcionar. Cada uno de los integrantes, tienen en mayor o menor medida “cola que les pisen”. Y si se destapa la cloaca, serán los primeros en caer, o en recibir, la “estocada final”. A muchos de ellos, apenas y les hace falta un leve empujoncito. Otros, quizá, encuentren en esta invitación un poquito de foco, para salir avantes; con tantita suerte, a “los demás” se nos olvida en pos del “nacionalismo”, tan oportunista como su manifestación, quienes han sido con el país.
Ahora bien, el mensaje de la manifestación del próximo domingo 12 de febrero no tiene, ni pretende tener, un mensaje social; es un mensaje dirigido, de una población específica, a un reducido grupo de escuchas y diría el refrán: “al buen entendedor, pocas palabras”. También, sabemos que en el aquí y ahora no hay un “buen entendedor” ni siquiera un receptor y ni con gran fe en Lupita, la virgencita, un perceptor. Es disfrazar de “apoyo a EPN” una “amenaza”. Pareciera decirse: “Mira EPN, nosotros, todos éstos, estamos en riesgo. Somos Anti-Trump, “orgullosamente mexicanos”, “empresarios con capital en riesgo”, con “inversiones que cada día se fragilizan” o te pones las pilas y “nos defiendes, defendiendo ésta, nuestra mexicanidad o como quieras llamarle y analizas bien tus decisiones, sean o no en lo oscurito, o ya veremos de a cómo nos va”. Eso es, en apenas lo más superficial, uno de “los meollos” del asunto.
Trato de volver a la cronología para no perderme. Poco a poco, entre páginas y perfiles en las redes sociales, entrevistas en medios “del Sistema”, con una intensa labor de base pero con poca estrategia logística, su intento de hacer “vibrar” a México, no sólo “no prendía” sino que se apagaba. ¿Por qué? Enseñaron las cartas muy pronto. Ganar “un público cautivo” no es sencillo y, más allá de sus cercanos, intentar “venderle” algo a la sociedad que está harta de no tener “poder adquisitivo”, que ha perdido sus medianos privilegios y vive ahorcada por la mensualidad de la hipoteca, del crédito al consumo, de la tarjeta de crédito o que ya no tiene privilegios y vive al día, “estirando la quincena y sin posibilidad de ahorrar o “darse un lujito” todas esas personas, que no son pocas, no les iban (ni les van) a creer. Ellos mismos, los convocantes, sus empresas, sus negocios de servicio y consumo, sus salarios inequitativos, sus estructuras, y una larga lista de etcéteras, han diezmado a la, hasta hace poco más de una década, “Clase media”, misma que hoy es casi una ilusión y es a ésta, justo a ésta, a la que quieren (¿quisieran, quisieron?) convocar. Pero ¿qué creen?: Manifestarse (ellos, los que ahora convocan), se encargaron de la etiqueta: manfestarse no da estatus, te pone en riesgo, es de vándalos, no resuelve nada, es de ociosos que prefieren cerrar vialidades en lugar de ponerse a trabajar.
Entonces, cambiaron de estrategia: “Marcha Anti-Trump”. ¿Really my friends? Otra vez, la lista de objetivos, de intenciones. Rueda de prensa, entrevistas. A darle vueltas al carrusel. ¿Hasta marearnos? No. Hasta marearse, que ni es lo mismo ni es igual.
Y es que hay otro punto. El más delicado: alquilarse de convocante, voluntariado o no de por medio, tiene sus riesgos. No pocos. Ser “convocante” y hago hincapié en el término, trae consigo una “carga” determinada: positiva, negativa o neutral; para efectos sociales, aplica también, de ser necesario el “¿y esos, ellos, ahora sí saldrán a las calles?” Así, cuando una empieza a revisar asociaciones y nombres, empieza a vociferar. A recordar. A enojarse. Cada uno de nosotros, ciudadanas y ciudadanos, hagamos lo que hagamos, trabajemos en lo que trabajemos, públicos y famosos u ostras y desconocidos, tenemos trayectorias, prestigios, historia pues. Y, apostarle a la desmemoria o al olvido es seguir menospreciándonos como habitantes de este país. Ya no digamos como ciudadanos. Pregunto: ¿Ahora sí va a manifestarse Denisse Dresser y va a caminar, completito el recorrido del Auditorio al Ángel, cuando normalmente llega, cuando le conviene, a media manifestación, se acomoda en un lugar visible, se toma fotos muy sonriente y, de la misma forma que llegó, desaparece, eso sí, después de un par de declaraciones? ¿Isabel Miranda de Wallace, en serio? ¿Claudio X González? ¿Es broma, no? Pues no. Y aún así, ¿por qué no? Por falsa que sea su intención, la manifestación es una de tantas herramientas sociales. Aunque nos moleste. ¿O qué, nada más se vale cuando son “nuestras causas”? La legitimidad, ese es otro asunto. Y la ética. Y la conciencia social. Y el sentido común.
Permítame ser irónica: ¿será acaso que se busca politizar el descontento social de la alta burguesía pretextando preocupación por las desigualdades y atropellos que ellos, los convocantes, de algún modo, en mayor o menor medida han provocado, obviado, se han servido con la cuchara grande, en nuestro país, pero que ahora se han dado cuenta que ahí, del otro lado, hay connacionales que sufren (hace décadas) y que sufrirán lo mismo que acá o peor, a raja tabla o poquito a poco y que eso es inadmisible? Sí, claro, hay que ser Anti-Trump y manifestarnos, porque también, mejor voltear para allá, que para acá; mejor la corrupción y la ilegalidad de allá, que la de acá. Mejor. Porque limpiar nuestra casa, asear “nuestro México” necesariamente los incluye. Lo pone en la mira. Los responsabiliza.
Por favor, su manifestación es de azúcar (con todo y sus refinerías y sus impuestos in creccendo), impostada, importada, con fines de exportación (por los aranceles, los impuestos y demás implicaciones en el corto y mediano plazo: cotizaciones en bolsa, inversiones y los ercéteras en materia económica) y de deportación. Sí de deportación. Pero no en materia de Derechos Humanos, no es por las y los migrantes. No. Es un asunto de miedo. Y miedo cruel. De pavor a las deportaciones masivas, a la sobre población en las calles, a sus riesgos no calculados. Al efecto “buu- me-rang” (y el buuu es a propósito). Y si de medios hablamos: ¿Televisa? ¿Esa empresa que ha despedido a más del 40% de su personal y que seguirá recortando presupuestos? ¡Vaya montaje! ¡Vaya telenovela!
¿Cómo era aquello de “el patio trasero”? ¿O aquello de, “cuando a USA le da gripa, a México, pulmonía? ¿Cómo era que lo que era, sigue siendo y antes del 20 de enero de 2017 no importaba y ahora sí?
Y mientras no nos preguntamos nada, pero cómo nos enrabiamos por los tuits de Trump, pero hacemos lo mismo, porque somos bien comprometidos y súper nacionalistas, entonces se le ocurre al buró de mercadólogos y “comunity managers” que “van a salvar el prestigio” de esta súper vibración y que México, ahora Vibra, porque Vibra y que la joden el doble: A “alguien” se le “ocurre una marcha alterna: de 77 “notables” (o de impacto en otros sectores de la población, medianamente sensibles, medianamente politizados, medianamente comprometidos y, sobre todo con “militantes”) y las 77, que se prestan. ¿Por? No sé ni me importa. A estas alturas del partido, que esas 77 se justifiquen. O no. O saquen raja. También. Porque en su “notabilidad” también tienen intereses económicos y no pocos, y si se cancelan o etiquetan de muchas de ellas, esas “ayudas”, esos “recursos”, esos “programas sociales”, esos “activismos” desde allá, esas ACs, u OSCs, o IAPs, no todas pero algunas, desde acá, van a dejar de vivir y viajar cómodamente, en primera clase, por todo el mundo fingiendo que hacen lo que no hacen. Porque, sabido es también, que hay quien declara: “¿Qué te pasa? Si del activismo también se puede vivir ¡y muy bien!” Desgraciadamente lo sé. Lo he escuchado y no pocas veces. No lo he vivido en carne propia, pero lo sé; he visto cómo han cambiado de “status” muchas personas, de la noche a la mañana y también he visto a muchas otras, las menos pero entrañables, poner de su bolsa para seguir en pie por lo que creen. Así que, institucionalizadas las carencias, el oportunismo, pues ni tan notables, tampoco, las 77. Insisto: o algunas de ellas.
Y entonces, concluyen mágicamente, que “vamos juntas pero no revueltas”. Las dos manifestaciones van a converger. Que somos y no somos lo mismo. Pero nos mueve México. Distintos puntos de partida, pero mismo punto de llegada. “Misma puerca pero revolcada”, diría mi abuela. Y sí. Pregunto: ¿No pasó lo mismo hace unos años con la marcha contra la Inseguridad, todos de Blanco a las calles días antes de la Manifestación por la Paz, Justicia y Dignidad convocada por Javier Sicilia? ¿No pasó lo mismo con la marcha “por las familias” y su equivalente “por la diversidad” el año pasado? ¿Y no ocurre que acaban entonces, neutralizándose los discursos y no teniendo razón ni fin? ¿No acaba siendo más allá de afinidades todo un gran montaje que provoca náuseas? A mí me las provoca. Me enfurece. Pero sobre todo, me entristece.
Esta sociedad, la mexicana, se desmoviliza a sí misma continuamente. Se contrapone, trabaja sin objetivos. Da palos de ciego. En el fondo y no tan en él, esto es un acto puro y casi perfecto de desmovilización social. Uno más. De tantos. Este es, además, cínico.
Personas: una no marcha o desmarcha a tontas y a locas. Una no se manifiesta a la menor provocación ni por cualquier causa o aparente causa. Lo que generan unos grupos y otros, son afinidades. Quienes salimos a las calles, salimos a partir de Nuestras causas, nuestros activismos, nuestras convicciones. Hay para todos. Sin embargo no se trata de acumular kilometraje, ni de tomarte la foto en Reforma, diciendo “aquí estoy”. “Por México”. No, personas, si no somos capaces de distinguir el sentido de una manifestación, mal estamos. Si no diferenciamos descontento de desigualdad; coraje de injusticia; feminicidio de golpiza. Si no distinguimos “Anti-Trump” del “Fuera Peña”; si no entendemos la diferencia entre urgente e importante, no hemos entendido nada: No. No es lo mismo. Antes de exigirle a Trump cualquier cosa que quiera exigirle, exíjaselo a Peña Nieto. Por cierto: a Trump usted, en tanto mexicano, es más, en tanto persona, sea cual sea su nacionalidad si no es 100% estaunidense (y ha saber quién es tan “ariamente estadunidense”) le importa tres pepinos.
Convencida estoy, además que, principalmente en el aquí y en el ahora, no se es mejor o peor persona por ir a una marcha sí y a otra no. Insisto: cada quién sus causas. Sus afinidades. Su definición de Justicia. Y de Injusticia. De legalidad y de Ilegalidad. Cada quien, con sus lecturas de la realidad. O de su irrealidad. Cada quién. Sin embargo, creo también que quienes llevamos años manifestándonos en las calles, no es que “nos encante recorrer reforma a la menor provocación”. No. Salimos a dar cuenta de que, por ese motivo, por determinada causa, una está dispuesta a mucho más que caminar por Reforma con “las mismas” personas cada vez y de vez en vez; también es cierto que cada vez somos menos personas pero siempre, como si acordáramos la cita, las personas nos encontramos ahí, enfurecidos, dando cuenta o acompañando pero sobre todo acompañándonos. Porque caminar la transformación social es más que una cita en el punto de concentración y necesita más energía que la suficiente para recorrer Reforma cargando la bag pack, la pancarta, la cámara y la botella de agua. La transformación social es mucho más.
Yo no me manifestaré el domingo, por principios personales. Pero me conozco y sé que, en un punto del recorrido me acomodaré para verla pasar. A pesar de los convocantes, a pesar de cualquier argumento o necedad, sé que comulgo con la idea de atestiguar. De ver. De que no me cuenten. Más allá de la rabia que me provoque la manipulación, me conozco y sé que estaré desde algún punto, viendo. Tratando de hacer alguna lectura, la propia, y que no me conformaré con lo que digan las redes sociales, ni los medios, sean del ala que sean. Me da igual que arengue quien arengue. Tampoco me le voy a ir a la yugular a “los arengadores”. Tampoco soy mejor o peor persona por mi “kilometraje” (que no es poco) de manifestaciones andadas. No llevo la lista ni me pongo palomitas o tachecitos y tampoco pongo palomitas o tachecitos a quien no piensa o actúa como yo. Yo no rindo exámenes de conciencia, cada quién.
También, si logran quórum, no se preocupen, será un cartel de primera, habrá agua disponible para todos, habrá patrocinios disfrazados de solidaridad (que luego descontarán de impuestos disfrazados de Donativos) y no habrá granaderos, eso seguro. Los granaderos no van a marchas “decentes”. Ni infiltrados. Ni romperán vidrios de los Oxxos ni del McDonalds. No, esta manifestación será “in”. O qué, en verdad, ¿no han entendido nada?

Deja un comentario