¿De qué hablo cuando hablo de invisibilización? #Lasvamosanombrar

colombianaLa noticia comenzó a circular el sábado por la noche. Se hablaba del homicidio del fotoperiodista Rubén Espinosa Becerril, sin más datos. Los encabezados no eran alentadores. La información a cuenta gotas iba “virilizándose”. Nos alcanzó el domingo y, también de a poco, la información escueta, dolorosa, cruel, también inexacta,incompleta, fragmentada, a sangre fría, iba filtrándose en nuestras redes sociales. Parecía, simplemente parecía, al beber el primer café del día, un domingo entre tantos otros. Pronto se transformó. Se me desfiguró el alma. ¿Qué nos está pasando como país? ¿Un periodista más, asesinado? ¿Cuatro mujeres?… ¿Quiénes, qué, cómo, qué carajos está pasando? Un “post” era más doloroso que otro. Una foto más triste que otra. Fui a las fuentes confiables, es decir, revisé aquellos “perfiles” de colegas que sin duda alguna, estaban más cerca de los hechos que yo. Y a esas alturas, ya mi domingo se teñía de rojo y negro. La convocatoria no tardó en llegar. Se invitaba a la sociedad civil a concentrarnos en el Ángel de la Independencia #JusticiaparaRubén #Justiciaparalxs5. Más allá de la solidaridad, el manejo del lenguaje, empezó a hacer estragos en mi alma, en mi cerebro, en mi corazón y, desde luego, no podía ser desde otro lugar que desde el ser mujer, primero y después de haber cursado la carrera de periodismo, porque cierto es que jamás me he jugado el pellejo en las calles ni he trabajado en una redacción. No es desde un “quehacer periodístico” que puedo o quiero hablar.

Y es precisamente desde ahí, desde los “otros lugares” que puedo hablar que trato de colocarme, aunque es verdad también, que desde ayer estoy descolocada, dolida, enojada, triste. Muy triste. Decidí ir a la concentración ya con diversas interrogantes a cuestas, con muchas preguntas que sabía que no me respondería inmediatamente. Podía, sin embargo, reconocer un primer coraje: la frase: “el homicidio de Rubén Espinosa y cuatro mujeres más, aun no identificadas” que para las tres de la tarde ya había leído y escuchado cientos de veces, me enfurecía. Me sacaba de mi centro. También, para esa hora, ya se hablaba de “dos mujeres identificadas: Nadia Vera y Yesenia Quiroz”. ¿Por qué las autoridades, los medios, los posts, las personas, no nombramos? ¿Por qué? ¿Por qué la ausencia del nombre? ¿Los ocultan, quiénes los ocultan? ¿Qué oculta ocultar un nombre?

4mujeresMi cabeza no se detenía. Ni se ha detenido. Reproduzco del primer comunicado de la PGJDF lo siguiente: “Las víctimas femeninas tenían 18, 29, 32 y 40 años de edad, mientras que Rubén Manuel Espinosa Becerril, 31 años. Éste último era soltero, originario del Distrito Federal y fue identificado plenamente por sus familiares…” Mal de origen: Rubén es el único que cuenta con nombre en el boletín. Mi primera pregunta: ¿Presión de los medios? ¿Patriarcado reinante? ¿El mensaje es “él es el que importa? Tres párrafos adelante, el comunicado no es mucho mejor, al contrario. Transcribo literal: “De las primeras investigaciones efectuadas, la Fiscalía de Homicidios, dependiente de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, conoció que las mujeres se desempeñaban como:

1. Maquillista (18 años), originaria de Mexicali, Baja California, soltera, estudiante de belleza.

2. Promotora cultural (32 años), originaria de Chiapas, soltera.

3. Empleada doméstica (40 años), provenía del Estado de México, estado civil: separada.

4. Aún por determinar ocupación, (29 años), originaria de Colombia.”

¡Increíble! ¡Inaudito! ¡Saben “perfectamente” sus profesiones y sus edades pero son incapaces de dar a conocer sus nombres! ¡Cuatro mujeres asesinadas, a sangre fría, golpeadas, con signos de violencia sexual, con un tiro de gracia y no pueden ser nombradas por las autoridades! ¿Por qué? No creo que exista un argumento legal, que disminuya mi enojo.

Narvarte_Feisbuc-3La representación del absurdo estaba dado. Rubén Espinosa y “Las otras cuatro mujeres”. La humillación se cuenta sola. Las propias autoridades dan cuenta de ello por más recomendaciones o no, de la CNDH. Y sí, el homicidio de Rubén me duele, me indigna. Desgraciadamente se “contabiliza” a la lista que no quisiéramos que existiera de periodistas asesinados durante el gobierno de Duarte en Veracruz, sin embargo, el homicidio de Alejandra, Nadia, Simone y Yesenia (en estricto orden alfabético) me ofende. Me indigna. Me rompe el alma. Y el tratamiento que se les ha dado en los medios, me hace hervir la sangre porque incluso, al nombrarlas, se les discrimina una vez más, al dejar a Alejandra y Simone, desprovistas de sus apellidos y eso, es vejarlas una vez más. Es seguirlas golpeando. ¿#Justiciaparalxs5? Ni siquiera hemos sido capaces de ser equitativos al nombrarlos.

Invisibilización y enmascaramiento (covering), van de la mano. El sociólogo Erving Goffman, define el covering como un mecanismo de estigmatización social en los procesos de discriminación y refuerza estructuralmente, la invisibilización. Las autoridades, los medios, están continuamente desproveyendo de identidad a las víctimas. Desdibujando ya, a estas, las primeras horas del martes a Alejandra, Simone (A quien primero nombraron Nicole) y Yesenia de su identidad. Este “covering” peor aún es a la inversa, pues surge desde el discriminador mismo y re-configura al perceptor de información en otro discriminador, lo recluta y lo transforma en agente activo de la invisibilización,lo cual afecta directamente al vínculo empático.

Narvarte_Feisbuc-5Así, el juego manipulatorio está dado: el mensaje a la sociedad, desde la construcción del discurso es (o parece ser, porque no tengo verdades absolutas, ni pretendo tenerlas): Nadia y Rubén (estricto orden alfabético, otra vez) son las identidades desde donde te vamos permitir opinar. Es desde ahí, desde donde puedes relacionarte e irrumpir. También es desde ahí, desde donde no podrás tocarnos, pues  se homologará, de uno u otro modo, el discurso y la protesta. Y será controlable en el corto plazo. Evita las otras relaciones, los otros vínculos, las otras empatías, porque las hemos estigmatizado también: ya te lo hemos filtrado: Alejandra: “una empleada doméstica”; Simone, “una colombiana”, Yesenia, “una maquillista y bailarina”. Así, lo que sucede al no nombrar pero dotando de etiquetas cargadas de subtexto y estigma (cuya penetración social se da a partir del inconsciente colectivo) es que la comunidad, la sociedad, las personas de a pie, rechazan explícitamente cualquier activismo a favor de lo ya estigmatizado. Se activa la memoria colectiva y teje su red desde la particularidad. Resultado: rechazo. Para muestra, un “post” que reproduzco y el cual publicó MTP en su FB el día de ayer por la noche: “Y sí, hay quien escribe: ‘Pero ¿por qué asesinaron a la sirvienta?’ Y quien responde: ‘onda que era sábado y la chacha estaba haciendo la limpieza’. Qué horror”. Horror. Terrorífico lo que hacen los medios, las autoridades y las personas con el lenguaje. Y con la cultura.

Quisiera que quedara muy claro: No pretendo generar una invisibilidad inversa. Pretendo que tomemos conciencia de la invisibilidad continua. Una vida no vale más que otra. Son cinco vidas que fueron tomadas. A la mala. Los detalles políticos, no es que no me importen es que son inherentes a nosotros mismos. Sí, “Lo personal es político”, dejó claro la gran maestra hace décadas. Sin embargo, muy pronto, en menos de 48 horas, por más investigación “con perspectiva de género” que solicite la CNDH, ésta no sucede así. Me temo: ni sucederá.

Narvarte_Feisbuc-4Cuento con grandes amigxs, mismos que puedo enumerar con una mano, que están profundamente angustiados, dolidos. Ayer mismo, vi a algunos con el rostro desencajado durante la concentración. Comparto su pena y dolor, pero quisiera que se diera cuenta que está generándose una práctica invisibilatoria en la cual son violentadas tres de las cinco personas ultimadas. Lo cual es más del cincuenta porciento. Tampoco es cuota, quisiera que fuera equidad. Quisiera que más allá de móviles, de causas, de activismos, de razones, de culpables, miraramos a las personas. A las cinco personas. También creo que de Rubén, seguirán ocupándose, a su modo, los medios unos días más y después, la impunidad se hará presente. O se fabricarán culpables. O lo que dicte la política de ficción en la que vivimos. E insistiré: mi solidaridad con el gremio periodístico pero, también tratemos de salir de la burbuja de dolor y miremos a los demás. En este caso, las demás. Tres personas: Alejandra, Simone y Yesenia, siempre son referidas como “las otras tres mujeres”. Nombrar es importante. Reconocernos es importante. Acompañarnos es imprescindible.

La especulación es la madre de la impunidad. Generar y sostener “casos emblemáticos” es la gran mentira de este país. Así se apagan los movimientos sociales. Nos cansamos de  acompañarnos, de manifestarnos, de leernos, de retroalimentarnos, incluso nos cansamos de los #hashtags, de los “posteos” y de los “tuits y retuits”. Nombramos desde lo cómodo y damos atención selectiva a “lo incómodo”.

Y yo estoy muy triste y enojada. Una emoción incluye a la otra, creo. De vez en vez, se complementan. No quisiera (y voy a sonar idealista incluso cursi) que se perpetraran más prácticas sociales como el racismo, el machismo, la homofobia, el eurocentrismo ni ningún otro proceso discriminatorio. Ni práctica discriminatoria. Quizá en este mundo convulso, sea mucho pedir.

Narvarte_Feisbuc-2Por todo lo anterior es que pensé en crear una mini-campaña en redes a partir del #Hashtag #lasvamosanombrar (el cual NO “se me ocurrió” a mí) porque me parece importante dejar claro que salvo por Nadia, nadie ha salido en busca de la biografía de Alejandra, de Simone y de Yesenia. Me parece importante visibilizar, como lo hice, que de Nadia y Yesenia sí conocemos sus apellidos mientras que no sucede así con Alejandra ni Simone. Ellas también estaban ahí, con Rubén.

Si me sumo a las especulaciones, a la situación del país, a la oleada de aparente información, a los testimoniales y a la larga lista de etcéteras hasta ahora publicadas o escuchadas, caso cerrado: #FueelEstado #FueraDuarte #justiciaparaRubényNadia. Móvil más que conocido, perpetradores más que conocidos. Impunidad más que consabida. Si le hacemos caso a las especulaciones, a la sospecha, a la elucubración, cuéntese el cuento que quiera, imagine su versiónn y esa será, que la ficción político-social se nos da y de sobra, no subestime su imaginaciónnn y podrá hallar en la historia de las mentiras nacionales sinfín de historias parecidas, o podrá crear las propias.

Lo que me parece es que no les vamos a creer. A nadie. Aun cuando algún día tengamos una versión medianamente verosímil. Ya no les vamos a creer. ¿Justicia? Ya no creo en la justicia pero creo, fervientemente en la equidad.¿Podremos ser equitativos? ¿Trabajar en pos de la equidad?

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