¿Quién nos ha nombrado la policía de la verdad?

 

El 24 de agosto a la 1:10 de la mañana la usuaria de Facebook Yasnaya Elena quien es en realidad Yasnaya Aguilar, lingüista y activista mixe (y no es ningún secreto ni para el FB ni para quienes conocemos su trayectoria) posteó en su muro (de manera pública) lo siguiente: “Cómo es que una persona que ha declarado todo esto va a dar un taller en la Universidad del Claustro de Sor Juana???”(sólo di copiar-pegar, los tres signos de interrogación no son míos). Dicho posteo venía acompañado de una serie de capturas de pantalla de la página de Facebook del escritor JM Servín, de larga difusión desde ese instante, los cuales Yasnaya considera misóginos.

La misoginia y el machismo DEL POST de JM Servín, son como enunciados, indiscutibles. Sin embargo, la contextualidad de los mismos, sí. Ni siquiera por el autor del post, sino porque el proceso de elaboración del post de Yasnaya, le llevó un trabajal. Tuvo que navegar por la página del autor, hasta encontrar lo que quiso encontrar. Y cuando uno busca, encuentra. Mejor lugar común no hallé.

Y sin embargo la historia no paró ahí, pero sí es momento de parar el relato y decir: “Tómese dos segundos y vuelva al “post” original de Yasnaya” ¿Lo notó? Vuelva a leer hasta, en serio, leer. Lo de Yasnaya es una pregunta específica a una entidad específica (La que, por cierto, lío va, lío viene y ni por aludida se da… ni se dará.) Pero creo que, de origen, equivocó de interlocutor, porque… ni caso le hicieron (y la verdad que no sé por qué deberían, pero esa es otra vaina de la que me ocuparé más adelante).

Como casi todo en la dinámica virtual, transcurridas las horas, la interrogante de la autora, logró la fabulosa cantidad de 167 interacciones (107 me enoja, 37 me gusta y 23 me asombra) y fue compartida 82 veces (184 re-tweets, por si están con el pendiente; 187 me gusta (pero en twitter los me gusta sirven para nada y lo mismo; y 21 comentarios). El último comentario (esos sí, variaditos y de difícil catalogación, pero dan para toda una novela) en el post fue emitido ayer, 25 de agosto a las 13:52 horas. Así que, poquito más de 24 horas de aparente interés y ¡sacabúm! ¡Buen ranking; ¡hay post que nacen muertos y a éste, le fue bien! Pero no tan bien, si a “influencers” vamos.

Pudo haber quedado ahí, pero no. La “sororidad” hizo de las suyas, y entre las compartencias de aquí y de allá, el Festival Internacional de Artes Feministas de la Ciudad de México lo re-posteó con el bonito corolario de (y cito textual): “Es que es misógino pero es buena persona” – Instituciones justificando el invitar a agresores.”…En esa página no le fue mucho mejor. A las 167 interacciones que llevaba, se sumaron dos más, hasta lograr, 169 y apenas y 13 comentarios. El re-posteo ocurrió a las 10:39 am del 24 de agosto y, el último comment fue ese mismo día a las 17:29. ¿Ven como posts, van y vienen y no tienen la misma “suerte”? sin embargo qué creen: Una vez más, aunque no esté etiquetado, el mensaje era para el Claustro. No para JM Servín. ¿y qué creen?, la institución calladita. ¿Por qué creen? Porque el Claustro es el Claustro. Se sabe El Claustro y una institución no se mete en enjuagues facebookeros. Por si estaban con el pendiente, la persona community manager del Claustro, en twitter, tampoco le contestó.

De compartir en compartir, los corolarios iban de menos a más. Poco a poco, iba subiendo el tono hacia “el autor del post” sin diluirse la “exigencia” al Claustro. Por una de estas exigencias, “el post” llegó a mi TL, vía Zaria Abreu Flores. Su aportación era: “Le exijo a la Universidad del Claustro de Sor Juana que este tipejo innombrable no imparta un solo taller en sus instalaciones y que se le diga bien clarito que ahí no se permite la entrada a machines acosadores!!”… ¿Sí leen? JMServín ya para las 12:00 del día 24 de agosto ya era “un tipejo” pero la exigencia a la institución no bajaba de tono, incluso aumentaba. La institución al margen. Los comentarios en este muro en particular, dado que Zaria es activista y se dedica a las artes, subieron de tono, también. Eran aguerridos. Ya hablaban de “scratch” (sic.), ya insultaban al autor, ya empezaban incluso a calentarse los motores incluso contra el Claustro. Hubo quien, además dijo: “híjole, es mi tío” (ha saber si era ironía, o sí es su sobrina, que para el caso, no es tema de este texto). A Zaria ya no le fue tan bien en el “compartir”, apenas y logró 54 de ellas, porque su muro tiene privacidades peculiares y, logró 63 interacciones (41 me enoja,19 me gusta –son 20 pero quité el propio like de la autora, que es autopromoción para mantener el post visible-y 3 me asombra).

Yo misma retomé el tema en mi muro. Empecé a seguir el “nuevo encono”, “el falseo del ciber-activismo”. Ya JM Servín, para esas horas, había dado acuse de recibo en su muro y a su modo; a las 13:06 del mismo 24 de agosto: “Estoy confirmando solicitudes de amistad a personas que no conozco, en buen plan, confiando en que tiene criterio adulto para que después no me anden regañando o tweeteando mamadas en mi contra.  Sobre advertencia no hay engaño”.

Para las 13:46, ocurrió uno más de los tantos actos fallidos (en pro del like) que comete El Universal, sobre todo en web, cada día con más frecuencia. En un acto anti-ético a más, mal redactado, sin sentido, mal pegando “post” fusilados de la propia red social, generó “una nota”(lo cual vuelve a poner sobre la mesa el papel del “periodismo” actual, pero esa es una larga discusión que aunque necesaria, se considera innecesaria y con otras tantas implicaciones sociales que, al parecer no estamos interesados en analizar, pero que seguramente, será “divertido”, “vigilar y castigar” apenas se les ocurra que sería una gran fuente de ingresos y no de transformación social.): “Comparten en redes mensajes misóginos de JM Servín”. Y fue ahí, cuando, diría mi abuela, “la marrana torció el rabo”.

Las amenazas ciruclaron de ambos lados. A Yasnaya le llovió en público y en privado (violencia sabida) a JM Servín, también. Ignoro en ambos casos, la magnitud y no tengo los mensajes inbox de ambos para “equiparar violencias” pero no hay que ser Lacan para dimensionarlo, si algo se tiene de noción de comportamientos sociales, “feminismos” y manejo de redes. En las redes, tanto en twitter como en Facebook, hay material para documentar una enciclopedia completa de la inmediatez, la vocifereación a ultranza y la perogrullez. Porque, principalmente, hay que opinar. Porque sí, porque es “nuestro derecho”, porque “soy genial” y porque “tengo la razón”, sobre todo por esto último “porque lo que vale es mi razón” y entonces, entonces todo puede pasar. De la discusión a la imposición en un “comment” y de no menos que “Policía y juez de la verdad”. Mazo de la palabra en mano: “tú, sí; tú, no”.

A pesar de El Universal, ¿qué creen? El Claustro, en tanto institución, callada. Y para esas horas yo ya me ponía de pie. Y aplaudía. Elsilencio es lo que iba a reinar en la Institución. Y ni exijo, ni pido, ni creo, ni espero lo contrario. Lo que sí ocurría es que, a tono personal, empezaba a pasarla muy mal al analizar los comentarios. Al leer los tonos y las dimensiones.

Yo misma, no pude, no quise, no me pegó la gana, mantenerme al margen. Y ni crean que voy a justificar mi postura, pues si este texto, tuviera esa finalidad, podría hacerlo en menos de un renglón.

Regreso al tema. A las 14:25 (obvio del mismo 24 de agosto) yo posteaba (y lo pueden leer porque lo mantuve público, aun cuando mi muro es privado, sólo visible para “mis amigos”): Cuando tus comentarios personales en redes, afortunados o no, misóginos o no, (híjole no hay cómo negar la misoginia ni lo “machirrín”) atraviesan tu labor como creador, guste tu trabajo o no, y para colmo atraviesa una institución académica, a la que se le pide una postura al respecto, e incluso la cancelación del vínculo (por académico que éste sea), toda la sociedad pierde.  Tiempos de radicalismo. Para pensarse porque: Lo que se dice en redes puede ser o no, el sentir pensar de quien suscribe. Puede quererse “hacer el chistoso”, ganar “likes”, seguir con “su personaje”. (No le encuentro el divertimento, pero hay quién sí) Puede ser su postura (por deleznable que a algunas personas nos parezca) Puede haber taantos motivos (insisto desagradables en lo particular, en lo social y obvio en redes, el vehículo ideal del “nuevo linchamiento”). Pierde la obra del creador… Nos guste su trabajo o no. Pierde la institución… que “tiene” que tomar postura a partir de “la necesidad de sostener al nuevo feminismo radical, enredado”, y la arriesga, pues en la evidenciación surgen posturas que van del “que no lo contraten” al “hagamos un scratche” y ese riesgo “medible” tiene que, o no, asumirlo la institución. Pierde la sociedad. Tanto pierde, que se viraliza la “tremenda furia virtual”, se activan las alarmas del “feminismo cibernético radical” porque “somos bien feministas y ya sabemos que “verga violadora a la licuadora”. Se pierden los argumentos, se activan esos otros mecanismos radicales y violentos, tan dañinos. El día que aprendamos a argumentar y a solicitar, a concientizar, a entender. El día que aprendamos a leer la realidad que vivimos, desde el aquí y el ahora, otro presente caminaremos. No conozco en persona a JM Servín. Sólo lo he leído. (Da igual si me “gusta” o no. El gusto personal no es argumento literario) No me divierten ni le doy “like” a su “machismo virtual” (¡Hay tanto por descubrir atrás de un post, que una argumentación a partir de ello es verdad de perogrullo)… De eso, al “linchamiento” “virtual y mediático” hay tres generaciones por lo menos, de argumentos para trabajar de forma creativa y no apelando a la prohibición, a la exigencia de consecuencias sociales y “pisoteando, los propios DDHH y la libertad de expresión”. ¡Tantísimo derecho que tenemos en tiempos como los que vivimos a decir lo que nos viene en gana! y a asumir las consecuencias, por supuesto, pero no somos nosotros, desde otro post, que transformaremos el Planeta, si hay días en que una no puede ni con la Familia. Quien sí ganó, puedan leerlo o no, verlo o no, pensarlo o no, es JM Servín y los medios. Ya leen el montón de personas su TL, el culebrón peor que teleserie española, la prensa (El Universal ni tardo ni perezoso ya hizo del hecho, “nota”) y ya está embarrada, “gratuitamente” la Universidad del Claustro de Sor Juana… Y… ¡Qué empiecen los Juegos del Hambre! Porque se tome la decisión que se tome, si no se toma una decisión creativa, pierde el autor, pierde el Claustro, pierden los posibles alumnos y lo que ahorita rebota en el autor de Revólver de ojos amarillos, entre muchos otros, al rato rebota directo en una institución como el Claustro con una postura clara en cuanto a perspectiva de género y DDHH… El culebrón apenas empieza… En tres días, nada pasará…”

Y por supuesto, etiqueté tanto a JM Servín como al Claustro. Y obvio, el Claustro mantuvo silencio. E insisto, no es esa la solución “creativa” que esperaría de la Institución y si yo fuera “La Institución” haría… lo que yo haría no importa, porque aún hay que esperar. Lo que pase, aún no ha pasado y si pasa, no va a pasar en las redes sociales. Ojalá no pase ahí. Ni pase. Pero tengo la maldita costumbre de pensar tres caminos para casi todo (sobre todo cuando no me involucra a mí) y alguno ocurrirá.  Pero sigo.

Cada quien “sus huestes”; cada cual, sus “registros”; cada uno sus lecturas de realidad y de contextos y lo escrito en lo que va del párrafo ya no tiene que ver con JM Servín y el post “original” de Yasnaya. Ya estoy tratando de caminar más allá, aunque los incluya al surgir de ellos mismos.

Caigo en el lugar común y ni modo: somos nuestra historia, nuestras lecturas, nuestros aprendizajes; nuestro contexto y nuestra cultura. No sudo una gota cuando lo escribo ni descubro el hilo negro. Pero hagamos una pausa. Tratemos de salirnos de nuestras dos cuadras de realidad (bueno si ustedes tienen cuatro cuadras, está bien, no tengo problema) y tratemos de darnos cuenta que principalmente y sobre todo las redes sociales son un espacio tan amplio que permite el registro de muchas voces y realidades. El origen de “un perfil” de FB y Twitter por supuesto que da cuenta de “quien queremos decirle al ´mundo´que somos”, nuestro perfil de cualquier red social “no es lo que somos” y tampoco es “para todos”. Algo puede entender ese “otro que me ve y lee” de mí, pero siempre a partir de lo que le muestro que soy. Si eres “mi seguidor”, mi “amigo” o mi “stalker” tendrás el contexto acotado. Aún teniendo acceso a “todo mi TL” suponiendo que sea súper público y sin una que otra privacidad, verás lo que te muestro. Bueno, pues a partir de ello, primero hay que cuestionarse por qué un post es privado y otro no. ¿Por qué estás leyendo lo que estás leyendo? Mejor aún ¿Por qué estás en ese muro y no en otro? (Sobran muros a los que “meterse” o “amigarse”)

Si ya te estás tomando la molestia o el placer de estar en un muro y no en otro, de “amigarte” o “seguirlo”, pues analiza. Hay cientos de muros, sobre todo de escritores o “figuras públicas” que son complemento de su personalidad, de su personaje, de su quehacer literario. Un muro (y un TL) sirve de parámetro. ¡Claro, si sabes leer la realidad (empezando por la tuya)!

Cada post: un día, un contexto, un humor, un instante. Misógino o no. Machista o no (ese no es el tema que les enrabió, les enrabió que fuera a “trabajar” en El Claustro) ¿Por un post del 15 de abril, o un post del 2015, hay que perder “la chamba” en septiembre de 2017? ¿Es requisito para trabajar, para escribir, para dar talleres o cursos, DENTRO DE LA INSTITUCIÓN tener un registro en redes sociales IMPOLUTOS? ¿Importa tu CV o tu FB PERSONAL?

¿Por qué la exigencia a la INSTUTUCIÓN de NO CONTRATACIÓN y de “POSTURA” al respecto? Bueno, hubo quién decía que Servín era un “Perelló” cualquiera. Perdón, perdón, eso es tener una visión tan pero tan acotada de la realidad que incluso reírme me parece de mal gusto.

Sí, en tanto uno exhibe su opinión, su narrativa personal en un perfil de redes sociales y expone sus procesos de pensamiento, permite que “el otro” acceda a esa información y la use para los fines que más le convenga, pero entonces, argumneten. Desde ahí, desde el post, uno por uno, palabra por palabra, morfema, por morfema. Analicen día, hora, momento. Porque son palabras. Por misóginas que sean. Por machistas que sean, por vulgares que sean. En su momento, los posts de Servín en cuestión pasaron “sin pena ni gloria” y tenían “su” razón de ser, desde él. Y si hago hincapié en ello es que, hemos decidido atravesar “todo” por nuestra propia “lente violeta”. Viene a mi mente un meme: “El problema no es que yo vea machismo en todo, es que tú no lo notes”. Y sí, y no. Vamos a suponer que sí. ¿Todo aquel que pronuncie media frase machista, debe quedarse sin trabajo?… Con base en este esquema: ¿También le van a pedir a Almadía y a Cal y arena que saque sus libros de catálogo? ¿Le van a suspender la mesada? ¿A acusar… ¡en la propia red social!? ¿En serio, si JM Servín da el curso, van a ir a armar un Scratche, por tres posts (así fueran 100)? ¿En serio? ¡Mi reino por verlo! ¿Las pancartas van a decir qué: ¿A este taller se inscribieron personas a un taller de novela impartido por un autor, al que no hemos leído, ni sabíamos que existía, al que jamás hemos visto en una conferencia o en una presentación de libro, mucho menos hemos cruzado palabra con él, pero escribió tres posts que a nuestra realidad nos viene mal? ¡Ya vi a Pan y Rosas enarbolando la nueva causa y parando el tráfico en Izazaga!

Digo, vi una y otra vez los posts de JM Servín una y otra vez, pero no leí una sola carta dirigida al Claustro, argumentadísima y válida, para su “linchamiento mediático” que, además, lamento decirles no se viralizó por “los neo-feminismos” sino por el oportunismo de El Universal el cual, es peligrosamente, cada vez más, de realidad acotada, acotadísima.

Mientras “los feminismos” y sus “huestes” sólo agredan y cada vez con más furia, sea virtual o actitudinal, se seguirán acercando y lo están logrando también peligrosamente, al rechazo ya no de las mayorías (que eso ha sido un continuo) sino de las minorías, de esas minorías que tanto dicen defender y “darles voz”.

JM Servín no necesita defensores. Y la evidenciación y reclamo, mientras sea a la palabra, al discurso, todo bien, que se sume al diálogo, que se diserte, pero cuando ésta se convierte en agresión a la persona y no al discurso nada va bien. Exigir represalias, “generar cómplices” enarbolados en una supremacía moral, nada bueno trae a las sociedades.

No estamos construyendo, estamos radicalizando. No estamos concientizando estamos generando rabia. No estamos dialogando, nos estamos imponiendo. Y querer argumentar “el privilegio” desde la “victimización” nunca ha prosperado.

Pareciera que son tiempos peligrosos. Parece que hay que volver a pensar y a hablar “en lo oscurito” y eso suena mal y pinta peor.

Esto ocurre hoy con JM Servín. No es el primero ni será el último, son malos tiempos para el pensamiento, sin duda. Mañana será otro y pasado mañana, quizá seas tú, seas varón o mujer, cuerpo feminizado o trans. Pero, en tiempos como los que vivimos, segurito te tocará o me tocará. Lo peligroso, es que empezamos a movernos en las arenas movedizas del “lo que no quiero es que me tiren un tuitazo”, mejor en cortito… pero hay quienes, sea cual sea la causa en la que creamos, no nos vamos a callar. A pesar del tuitazo, del periodicazo, o del scratchazo. ¿sabes por qué? Porque TUS Derechos son los Míos.

Sin embargo, para cerrar me quedo con una de las respuestas parte en FB (está pública en mi muro y pueden leerla completa) de Adriana González Mateos, a propósito del tema que resume, todo el desaguisado: Sí: el tema de la exigencia al Claustro es más complicado.”

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