Sobre mí

Adriana BernalAprendí a e escribir, es decir, a combinar vocales y consonantes desde los cuatro años. No hay un recuerdo confiable de en qué momento decidí que quería escribir ni de si alguien de mi familia tiene “mi primer texto”, el cual, casi estoy segura, habrá sido una tarea escolar. Lo que recuerdan los más cercanos, es que era yo muy metiche. Que preguntaba los por qué de “todo”, exigía detalles y opinaba de tal o cual cosa en las sobremesas familiares. Me enseñaron a dudar salvo de mi duda. A preguntar, a investigar. A leer. Así me explico mi placer por la lectura y la escritura. Por la palabra, la ortografía y la ficción. Sin embargo, lo que más placer me da es intercambiar palabras con los demás. Entrevistar es mi fascinación. Leer, uno de los actos más sublimes. Me gusta leer a los otros. A tantos otros, en tanto genérico y más a allá del género.

Desde los 15 años, digámoslo más formalmente, comencé a leer y dialogar con los libros por placer. Imaginé, mucho tiempo, charlas con los autores, grandes conversaciones, partiendo del supuesto infantil de que los conocía por haber leído ese libro que tenía entre mis manos. Suponía, también, que al leer descubría quién se “escondía” tras esas palabras. Crecí en un mundo imaginario sintiéndome a salvo.

Los años pasaron y crecí acompañada de libros. De autores. De historias. Unas me importaban más que otras. Hacia 1997, conocí a Mario González Suárez y otra perspectiva literaria fue encaminándome, primero a la escritura, después a la Escuela de Escritores de Sogem y más tarde al periodismo cultural. Entonces, el siguiente paso fue la licenciatura en periodismo y el taller literario con Daniel Sada, quien siempre me decía, “cuenta, cuenta, cuenta”. Pero volé. Muchos años, también, desaparecí de los talleres literarios, hasta ahora que he vuelto a la discusión colectiva, en uno de ellos, con la queridísima Beatriz Rivas.

Los cursos y transcursos de la vida, son curiosos. Mientras estudiaba la carrera de periodismo, una tarde, por interpósita persona, dos amigos entrañables me llevaron, casi de la mano hacia la redacción del “viejo” Excélsior (es decir, de aquél que aún no compraban los Vazquez Raña) para charlar, con muchos nervios, con Miguel Barberena, en ese entonces (y hasta que nos suspendieron el suplemento) el director del Suplemento Cultural Arena, el cual se insertaba en el diario todos los domingos. Tres semanas después de aquel encuentro, me publicaron mi primera entrevista en el suplemento.La madrina: Carmen Boullosa por su libro “De un salto descabalga la reina”, editado por Random House Mondadori. Y esta experiencia es una bella historia personal, perdono la voy a narrar ahora.

Desde entonces, he platicado con muchísimos autores y publicado en diversos medios. En Arena, lo hice durante cuatro años y, una selección de ellas, me valió el Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo en 2003. Poco a poco, la situación personal, más que la del periodismo cultural, me han llevado por distintos senderos. Sin embargo, defraudar una pasión es defraudarse a sí mismo y el corazón va apagándose. Aun cuando esporádicamente he publicado en varios diarios y revistas, decidí crear, hace unos años, un blog: entreversiones.net e incursionar en “la onda blogger”. Sin deadline, sin censura, sin límite de caracteres. Traté de que hubiera rigor, al menos el mío. Y creció el blog y la vida me volvió a aplastar. Y me perdí un tiempo. Pero las alas tienden a abrirse apenas las acercas al viento.

Así surge ahora este sitio que al tiempo que da cuenta, abre puertas al diálogo. A otras visiones, versiones y entornos. Pasado y presente confluyen. Intento que sea tanto un conservatorio con los demás como un encuentro literario con los cibernautas. Una visión personalísima del mundo que me conforma, me deleita, me enriquece y que a ratos me duele y sí, adivinaron, siento que me aplasta.