Yo no sé mañana

Imagen tomada de google

Así el tiempo

El reloj sigue su curso. Su tic-tac apenas perceptible al oído humano avanza sin prisa, pero sin pausa. Es su condición de reloj. Asido a la pared, a la muñeca. Sobre la repisa o la mesa de noche. Aun cuando, simplemente, centellee desde la pantalla de un teléfono móvil, inteligente o no. El tiempo. Ése inasible en su naturaleza, atrapado por el Sistema. Impuesto. Dependiente rebelde. Es tiempo de esto. Es tiempo de aquello. Él que marca, delimita, estipula en función de un otro que poco tiene que ver con él.

Calendario. Paradójicamente, un ciclo lineal al que le rendimos tributo. Pero hablamos de cierres. De fin de ciclo. Que invitan a lo redondo. A mí me gustan los espirales, los caracoles, los círculos concéntricos. Las espirales que nos conforman, que nos dan sentido y, en cada nodo, en cada trazo, algo especial. Con cada trazo de esa línea curveada, poco a poco, el origen más lejano. Aunque de ahí surja. Aunque ahí se construya.

Me dicen los otros, me dice la cultura, me dice el Sistema: hoy es el día: Otro 31 de diciembre. Otro año que transcurre. Occidentalizado, impuesto, estructurado dentro de las reglas de unos otros que, en otro tiempo, marcaron que así debía ser. Aunque existan otros, muchos otros, que se rigen por otros Sistemas, otras Creencias y otros Ciclos. Tan válidos como éste, si dentro de su propio Sistema, les permite funcionar, aun cuando dentro de un Sistema Homologado, tengamos que regirnos al calendario. A éste que hoy, dentro de unas horas, según marca mi reloj, seis, se acabará. Terminará una etapa.

Una etapa. Una línea recta que para fines sociales duraría 365 días con sus 12 meses y sus correspondientes ciclos lunares. La luna es cíclica. El mundo gira. Traslación y rotación. La vida no es una línea recta ni necesariamente un círculo u óvalo. Me gusta que sea, para mí, un espiral. Un espiral eterno.

Esta linea impuesta llegará ¿a su fin? Sí, en el papel. En el calendario, ése que pende en la pared y que hoy, no tiene más cuadritos que tachar ni hojas que arrancar. Hoy, en seis horas, sólo será cartón. Inservible. Habrá dejado tras de sí los días vividos.

Ése calendario hoy se despide de mi pared. Pondré otro. En él, marcaré, como cada año las fechas de cumpleaños importantes para mí, las citas de trabajo, los horarios de clase. Marcaré con tristeza y dolor, aniversarios que quisiera olvidar. Marcaré, distinto, otras fechas que no por no serme cercanas, no me duelen menos: el 31 de julio y el 26 de septiembre. Pensaré en ti y en ti. También en ti. De vez en mes, el calendario, fascista como es, retará a mi memoria, a mi corazón, a mi mente.

Día a día. Paso a paso. Un día a la vez, más que en un afán de cumplir propósitos, caminaré o trataré de caminar por el sendero de la lealtad hacia mi misma. Lo cual no es un ejercicio de “ a ver si lo logro” sino una intención de estar bien conmigo para estar o poder estar mejor con los demás.

Sí, en unas horas de acaba este ciclo impuesto por el calendario occidental y judeocristiano. Pero lo vivido no se va. Lo vivido bien vivido. Lo besado bien besado. Lo gozado bien gozado y lo doloroso, bien vivido y sufrido, también. Este año lloré como el carajo. Se me hizo añicos el corazón. Se me apretujó el alma. Hubo días en que tuve el ego destrozado y cada letra pronunciada o escrita, me hacía sangrar. Antes de que acabara el año por imposición “tiempológica”, me despedí de grandes amores. Hubo quien se fue y en su adiós se llevó mi alma. Sin embargo, fue también un año de reencuentros, de muchos ¿cómo estás?, de grandes saludos, de muchos abrazos. Mi reencuentros-recuentos personales han sido tan especiales como el tránsito en ellos.

2016Más que cierre, es una pausa más, otra, como cada una de las vividas a lo largo de mis 39 años, y eso sí, una pausa más consciente que la del año pasado y la del anterior y la del anterior. Mañana, seré exactamente la misma persona que soy hoy. Recibiré el primero de enero del 2016 con la misma emoción con que recibo cada amanecer, cada experiencia. Y me dejaré sorprender y maravillar. Seguiré creyendo que vale la vida creer que otro mundo es posible, pero en el día a día. En el cotidiano. Sin listas. Sin menospreciar lo peor ni ensalzando lo mejor, porque vivir, vivir es un instante in continum.

Eso pienso hoy, yo no sé, mañana…

https://www.youtube.com/watch?v=evlKNDwApcc

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